De rodillas todo son gigantes. Debates sobre la que nos esta cayendo. 3 y 4 de mayo.

Vivir de rodillas…

… Es chocar contra una realidad terca. Es sentirnos pequeños ante la envergadura de los problemas que nos ha tocado vivir. Es sufrir desesperación por no ver el fondo del pozo al que nos sentimos arrojados. Quizás sea, también, sufrir de desmemoria o haberse cobijado en la protección del olvido. Es convertir a los/as codiciosos/as del poder en dioses terrestres a los que implorar perdón, piedad o protección.

De rodillas, por costumbre o por resignación…

De rodillas, por inexperiencia o desorientación…

De rodillas por aislados/as y enfrentados/as, por falta de creatividad, por temerosos/as y faltos/as de ambición…

No son gigantes…

… Pero no es suficiente con saberlo, es necesario vivirlo. Y para ello, es importante encontrarse. Corresponde reflexionar juntos. Recuperar espacios de autonomía. Romper con los cauces establecidos para la gestión del conflicto. Ser creativos/as, y atrevernos.
Ya hemos empezado. Por todos lados hay esfuerzos por levantarnos. Poner en común nuestras experiencias y formas de organizar las luchas nos ayudará a estar más cerca de superar las trabas que nos limitan.

Desde la calle. Recuperando espacios comunes de encuentro. Por nuestros propios medios, sin dirigentes ni dirigidos/as. Hacia la libertad.

Os invitamos a encontrarnos en la calle el viernes 3 y sábado 4 de Mayo en unas jornadas de debate y reflexión, para poner en común nuestras experiencias de lucha, y avanzar. A las 18:30 en la plaza de Agustín Lara, Barrio de Lavapiés, Madrid.

Programa

Viernes 3 de mayo.

18:30 Debate: Posibilidades de defensa ante las agresiones laborales.

La reforma laboral, porque extiende aquel tipo de convenio de empresa en el que los trabajadores tienen una menor fuerza de negociación, y la reforma del código penal, porque endurece las penas relacionadas con el mantenimiento de la paz social, generan un marco legal que pone en tela de juicio la posibilidad real de defendernos de las agresiones en el mundo del trabajo; EREs, recortes de plantilla, los ‘minijobs’ y sus ‘minisalarios’, el incumplimiento de los convenios, los despidos improcedentes, el ridículo salario mínimo interprofesional (645 euros)… La cultura del pacto en los centros de trabajo hace el resto.

En los curros el conflicto es histórico; la fuerza de trabajo produce un valor mayor que el precio que cuesta (salario). Ese robo al que está sometido cualquier asalariado pone las bases para el nacimiento de una conciencia de lucha; para el florecimiento de una comunidad. Hoy, cuando 93 de cada 100 contratos firmados tiene un carácter temporal, la defensa de los puestos de trabajo, central en las luchas obreras, es una realidad ajena para una generación de jóvenes que lo único colectivo que conoce es el paro.

Pérdida de condiciones laborales a través de los ajustes y reformas, atomización de los trabajadores como resultado de la extrema movilidad laboral que impide tejer lazos entre iguales… También está presente un tipo de sindicalismo corporativista que hace de la negociación una ideología del mantenimiento de este orden de cosas. La hostilidad de estos tiempos es a todas luces evidente.

En medio de la tempestad, ¿puede el viento soplar a nuestro favor?, ¿qué hacer?, ¿cómo solucionar los problemas aquí y ahora?, ¿hay vida más allá de los sindicatos y sus burocracias?, con la que está cayendo, ¿podemos recurrir tan solo al marco legal en la defensa de las agresiones laborales?, ¿el repertorio de acción clásico de las luchas obreras (huelga, sabotaje…) sigue vigente?, ¿cómo conectar los conflictos específicos de cada centro de trabajo para superar el aislamiento al que suelen someterse las luchas concretas?

Sábado 4 de mayo.

18:30 Debate: El Estado del bienestar ya es cosa del pasado… ¿y ahora qué hacemos?

El Estado posee el monopolio de la fuerza. Eso no quiere decir que sus practicas sean siempre violentas. En la cotidianeidad de la vida suele bastar el consenso… que actúa como censor.

En cualquier caso, la ley otorga al Estado la violencia como último recurso para que alguien se adecúe al orden legal. Y esa amenaza permanente de la fuerza, encarnada en la policía o el ejército, se cierne sobre nuestras cabezas como una posibilidad que se acerca en la medida en que se acerca el conflicto social.

La dicotomía Estado vs Mercado, que fundamenta la mayoría de los discursos de la izquierda queda ampliamente rebasada por el funcionamiento real de ambas estructuras; el Estado pone las bases para el funcionamiento del Capital, asegurando las bases de igualdad (de voto, ante la ley…) sobre las cuales la desigualdad puede ser construída.

La actualidad política es un buen escenario para comprobar cómo la relación entre Estado y Capitalismo no se reduce a una mera protección de la propiedad privada por parte del primero, para asegurar la continuidad del segundo. El Estado también provee a la población de servicios que aseguren la producción; ofreciendo, por ejemplo, sanidad a las personas que trabajan con el fín de que sigan produciendo. También es el Estado el que se encarga de las capas sociales que no producen, pero que tampoco poseen; a través de las escasas prestaciones sociales, para reinsertarlos en el ciclo producción-consumo, o a través de la prisión, si se entiende que su situación es irreversible.

Solo desde esta perspectiva podemos entender los cambios que se están produciendo: un ciclo económico ha terminado y, por tanto, una forma de gestionar la mano de obra y las capas improductivas ha terminado también. Y sí, nos referimos al “Estado de bienestar”.

Cuando el debate social se centra en qué hacer ante la caída del modelo de Estado de bienestar y los continuos recortes en las prestaciones sociales que éste ofrecía, varias son las respuestas. Nos encontramos con tres tipos de discursos, cada uno con sus virtudes y sus límites, pero por separado, hasta el momento los tres igual de insuficientes:

Por un lado, quienes intentan defender sus condiciones de existencia, derechos y prestaciones, a base principalmente de la reivindicación, cuanto más multitudinaria mejor, pero sin ningún planteamiento más allá.

Por otro lado, quienes optan, priorizan o aspiran a una deserción de la sociedad, esto es, a vivir en este mundo pero sin participar (o participando lo menos posible) en el sistema, generando una especie de realidad paralela; creando cooperativas y proyectos autogestionarios que permitan romper con el ciclo trabajo-consumo. Una línea que nos hace ganar autonomía pero que no se enfrenta necesariamente a quienes generan conscientemente la injusticia y el dolor.

Y por último hay quienes hablan de cambiar el orden social, de fomentar la confrontación directa con el poder hasta eliminarlo de nuestras vidas, pero sin tener muy claro tampoco cómo ni cuándo. La vía del cambio rupturista necesita, obviamente, de la participación de amplios segmentos de la sociedad; o es social o no es nada. Esto está lejos de suceder.

Ante este panorama, ¿qué hacemos? ¿Qué necesitamos comprender? ¿Qué tenemos que aprender a hacer? ¿Qué limites y qué potencialidades tienen las diversas posturas de lucha que se mantienen actualmente? ¿Qué puntos pueden unirlas y cuáles son irreconciliables? El Estado adapta sus formas de funcionar a las necesidades de cada momento; la pregunta en definitiva sería, ¿seremos capaces de adaptar las nuestras, con el fin de conseguir nuestros objetivos?

Derodillastodosongigantes.org

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